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06/02/2008

LOS ORÍGENES DEL CORREO: desde la Protohistoria hasta la fundación de Vila-real


por ANTONI PITARCH FONT.-

1.- INTRODUCCIÓN.
Hoy, en plena era de la imagen, cuando el correo electrónico invade, casi sin avisar, cada una de nuestras casas y desde Vila-real, y a través de Internet, nos sentimos integrados, interactivamente, con el resto del mundo, se nos hace difícil imaginar la dificultad a que la transmisión de mensajes escritos estuvo sometida durante siglos.

La historia del correo es una lucha contra el tiempo y contra el espacio. Una lucha contra la naturaleza: había que descubrir un hombre inteligente, un caballo veloz, una calzada firme, una rueda adherente, una paloma diestra, un barco ligero, un viento constante, unos elementos propicios ... Hasta el siglo XIX, éstos fueron los únicos métodos de transmisión de mensajes.

Cada día estamos mejor y más rápidamente informados. Los historiadores y, sobre todo, los arqueólogos de nuestro siglo no han cejado en el empeño de desentrañar los misterios de la huella del hombre, incluso en los oscuros tiempos del Paleolítico. A partir del año 10.000 a.C. (antiguamente se retrasaba exageradamente el inicio) comienza un período, de transición al Neolítico, denominado Epipaleolítico o Mesolítico, en el que destacan las pinturas rupestres realizadas por aquellas gentes que habitaron nuestras comarcas tempranamente en Morella, Vilafranca del Maestrat, La Valltorta (Tírig), El Barranc de la Gasulla (Ares), la Cova del Polvorí (Pobla de Benifassà), La Joquera (Borriol), Vilafamés, etc.


A partir del 5.000 a.C. tenemos indicios de los primeros poblados neolíticos con restos de cerámica cardial, como los encontrados en Can Ballester (Vall d’Uixó), pero habrá que esperar hasta la denominada Edad del Cobre, según los clásicos, o período Eneolítico (también Calcolítico, aunque últimamente se opta -no sé si para enredar a los estudiantes- por la denominación más postmoderna de "Bronce I") para encontrar en nuestro actual término municipal de Vila-real restos, de entre el 2.500 y el 1.700 a.C., de la cultura del Vaso Campaniforme: concretamente en Vila Filomena, una finca ubicada cerca del Termet cuando se realizó el hallazgo a principios de nuestro siglo (1922). En este yacimiento Eneolítico aparecieron diversas vasijas, objetos cerámicos en general, así como utensilios de carácter ornamental y, sobre todo, unas 35 fosas de forma circular de dos metros de profundidad. Esta es, seguramente, la prueba más evidente de que nuestros parajes más apreciados, hoy en día, ya fueron elegidos hace unos cuatro mil años y no sólo para vivir, sino también para la inhumación.

Después del período central del Bronce (o "Bronce II"), del 1.700 al 1.300 aproximadamente, representado por las aleaciones de cobre y estaño encontradas en el Torrelló (Onda), pronto llegarían las culturas incineradoras de los "Campos de Urnas". Pueblos indoeuropeos, denominados popularmente "celtas", cuya principal aportación sería, finalmente, el hierro (Hallstat), descendieron desde Cataluña y Aragón, por las comarcas del Alto y Bajo Maestrazgo, para asentarse muy cerca de nuestro Mijares: en la necrópolis del Boverot (Almassora) han aparecido sus típicas vasijas cerámicas (“urnas”) con las correspondientes cenizas de sus antepasados (siglo VI a.C.). La Edad del Hierro también coincide con los estratos más antiguos del yacimiento de Vinarragell (Burriana), situado junto a la desembocadura del Mijares, uno de los parajes más frecuentados por los pueblos que accedieron al litoral mediterráneo.


2.- LA PROTOHISTORIA
Vila-real no tiene protohistoria, es decir, ningún historiador escribe sobre nuestra ciudad antes de que exista, porque nuestra carta fundacional, o “Carta Pobla”, es también nuestro primer documento histórico.

Al haber nacido Vila-real (1274) en época tan histórica y, a la vez, tan reciente como la Baja Edad Media, resulta que, si dirigimos nuestra mirada hacia nuestro término, ligado desde los albores de los tiempos a Burriana y al entorno comarcal de La Plana, llegamos a la conclusión de que nuestra protohistoria, aunque menos conocida que la historia propiamente dicha, comprende un espacio y un tiempo que corre paralelo al desarrollo del correo y de la escritura.

La escritura, sin duda, ha sido no sólo uno de los más grandes descubrimientos de la humanidad, el vehículo transmisor de filosofías y sentimientos, sino la substancia misma de la historia y el legado de los pueblos. La escritura se transformó en historia y el mensaje le sirvió al historiador para ejercer de correo.

El desarrollo de la escritura fue un proceso paralelo a la formación de las primeras civilizaciones urbanas, durante el Neolítico, en el Creciente Fértil y entre los ríos bíblicos Tigris y Eúfrates. Tal vez, por ello, la escritura y el correo nacen y se desarrollan paralelamente con las religiones clásicas orientales: las religiones del “Libro” (cristianismo, judaísmo e islam). Todas las religiones, mitologías y leyendas clásicas cuentan con "mensajeros celestiales". En el cristianismo es el propio arcángel Gabriel quien hace llegar el “mensaje divino” a María. Los libros de los profetas y las prédicas religiosas, por tanto, fueron los primeros encargos que llevaron a los "mensajeros" a organizarse para difundir su correo por el mundo occidental.


Los primeros signos cuneiformes, escritos por los sumerios sobre tablillas de barro, son del tercer milenio a.C. En realidad, han llegado hasta nosotros dos formas distintas de fijar las palabras: la pictográfica, característica del lejano Oriente -escrituras china y japonesa- y la alfabética, utilizada en las lenguas de tipo latino, eslavo o semítico. El egipcio antiguo se incluye entre las lenguas semíticas, como el árabe y el hebreo actuales, con las cuales está emparentado, pero presenta la particularidad de no tener alfabeto: a diferencia de las dos últimas lenguas citadas, el egipcio se transcribe con una mezcla de signos fonéticos y de ideogramas que fueron descifrados, a partir del descubrimiento de la piedra Rosetta, por Champollion (1822). La figura del escriba fue, por tanto, como una primera piedra en el edificio del esplendor faraónico del Antiguo Egipto: el Nilo, los esclavos y los mensajeros recorriendo día a día todo el vasto imperio hicieron el resto. La escritura pictográfica está basada en la representación de objetos y conceptos mediante dibujos con valor fonético y pictográfico, en tanto que la alfabética tan sólo utiliza signos con valor fonético.

La escritura llamada "lineal A", utilizada en los primeros tiempos por los cretenses, sigue perteneciendo al mundo de lo desconocido, pero, en cambio, a través de esos misteriosos signos llegaron a crear una nueva escritura, llamada por los expertos "lineal B", que fue encontrada -como la de los sumerios- en tablas de arcilla grabadas con estilete. No fue hasta 1953, cuando se supo que la "lineal B" servía para escribir en griego, de manera que, al final, resulta que los micénicos fueron los primeros griegos.


Sin escritura no hay mensaje y sin ambas no hay correo. La historia del correo, por tanto, es la historia misma de los pueblos, la de su hábitat y la de sus gentes. Las primeras escrituras se basaron en símbolos esquemáticos (cuneiformes en Sumer, jeroglíficos en Egipto y “lineal B” en Micenas), pero hubo un pueblo de comerciantes, los fenicios, que sintió la necesidad de dejar constancia de sus transacciones comerciales y de redactar sus propios textos jurídicos. Para ello los fenicios crearon una escritura alfabética de 22 signos simplificados: fue el primer alfabeto, que hacia el año 950 a.C. ya quedó grabado en el sarcófago de Ahiram, rey de Biblos (en el actual Líbano). Los fenicios fueron los primeros pueblos de la Talasocracia (o imperio del mar) que llegaron a la península bordeando la costa mediterránea, realizando las primeras colonizaciones consideradas históricas: Gadir (Cádiz), Malaka (Málaga), Sexi (Almuñécar), Abdera (Adra) y la factoría comercial de Ilici (Elche), dejando constancia de su estancia en el mencionado yacimiento de Vinarragell (Burriana).

3.- ÍBEROS E ILERCAVONES.
Aunque la Península Ibérica, en general, no entrará en la historia hasta la conquista y sometimiento cultural por la romanización (siglo III a.c.), las primeras muestras de documentación epigráfica en las comarcas castellonenses son de tiempos ibéricos. Aunque, anteriormente, en la llamada fase Protoibérica, a principios del siglo VI a.C., también se constata la influencia púnica en Vinarragell (Borriana), fruto de las importaciones realizadas, probablemente por mar, desde Cartago Nova (Cartagena) y Ebussus (Ibiza).

Parece que, con el tiempo, vaya quedando cada vez más claro que la civilización ibérica no fuese fruto de ninguna invasión foránea, puesto que íberos eran los habitantes de más de 500 poblamientos encontrados a lo largo del territorio valenciano.

La acepción “Iber-íberes” de los textos antiguos, griegos y romanos, viene referida a los habitantes del área costera peninsular y, por extensión, Iberia sirvió para designar las tierras que cierran el Mediterráneo por el oeste. No obstante, nunca ha quedado claro si la denominación de río "Íberos" venía referida al Ebro, al Júcar o a cualquier otro río.


El emplazamiento ibérico más importante y más próspero es el de Arse (Sagunto) que llegó a acuñar sus propias monedas: su uso como patrón de cambio se generalizó en el mundo ibérico coincidiendo con la romanización. También acuñaron moneda Saiti (Xàtiva) y Kese (Tarragona).

Los íberos emplearon varios sistemas de escritura: el fenicio, el griego, el ibérico meridional (en el Sur) y el ibérico oriental o monetal. El primer plomo escrito en este último alfabeto fue descubierto en el Pujol d'En Gasset, en el Grao de Castellón (1851), y constituye uno de los textos ibéricos más importantes por la gran cantidad de signos que contiene. Aunque se ha avanzado mucho en la lectura de los textos ibéricos, sobre todo tras los trabajos de Gómez Moreno, su significado sigue perteneciendo al lenguaje criptográfico: su lengua, de origen indoeuropeo, es anterior a 1.200 a.C. y, pese a la dificultad de su transcripción, guarda ciertos paralelismos con el euskera.

Ejemplos:
IBÉRICO, EUSKERA (SIGNIFICADO)
adin, adin (edad)
gudur, gudu (guerrero-combate)
ibar, ibar (orilla de río)
laur, laur (cuatro)




Se han encontrado más planchas escritas de plomo, pero las más importantes son las de Punta de Orleyl de Vall d'Uixó y, la más cercana a nuestro término, de El Solaig de Betxí; también las hay de bronce en Sant Antoni de Betxí, así como estelas funerarias realizadas en piedra (Canet lo Roig) o marcas de propiedad, que podemos observar en los fragmentos de cerámica ibérica encontrados en los innumerables yacimientos castellonenses (Onda, Forcall, Alcalà de Xivert, Pobla Tornesa, Borriol, Castelnovo, Benicarló, Zucaina, etc.) o epígrafes sobre la pared rocosa del Mas del Cingle (Ares). Esta riqueza epigráfica nos indica el elevado grado cultural alcanzado por los pueblos íberos castellonenses, tanto edetanos como ilercavones.

Para la fuente de Estrabón -probablemente Posidonio-, los edetanos se extendían desde Cartagena hasta el Ebro y aún sobrepasaban a éste, mientras que Plinio reconoce como habitantes de nuestra Plana a los ilercavones. Los ilercavones son un pueblo íbero derivado de los ilergetes (de Ilerda, actual Lleida) que fueron desplazados hacia el sur por la presión de los cosetanos. Según algunos autores, el río Mijares (Udiva) ejercería de frontera natural con los edetanos. Otros, en cambio, sitúan a los edetanos un poco más hacia el Sur y los identifican como habitantes de Llíria y la comarca costera de L'Horta de Valencia; de este modo, los ilercavones serían, prácticamente (teniendo en cuenta las incursiones fenicias y cartaginesas), los dueños de las comarcas castellonenses desde el siglo VI a.C. hasta las luchas entre Roma y Cartago (guerras púnicas).


4.- LOS ROMANOS Y EL “CURSUS PUBLICUS”.
Los precedentes del correo fueron los mensajeros que recorrían los caminos del Egipto faraónico, o los “hemeródromos” que transmitían los mensajes de las ciudades griegas. Sin embargo, la primera organización postal propiamente dicha, creada por el emperador Augusto, fue el “cursus publicus”.

No obstante, ya durante el período republicano anterior al siglo I a.C., comenzaron a desarrollarse las vías terrestres. Las dificultades de la navegación marítima durante los meses de invierno incrementaban el tráfico por tierra entre Italia, las Galias e Hispania. A partir de entonces, la atención de la administración central romana por el mantenimiento de las viejas vías y por la ampliación de nuevos tramos fue constante, aunque los primeros emperadores prestaron mayor interés por mantener en buenas condiciones, sobre todo, las vías del centro, sur y este de Hispania. Un buen ejemplo de ello es el gran número de miliarios hallados, en el tramo de la Vía Augusta comprendido entre Cartagena y los Pirineos: 21 de Augusto, 6 de Tiberio, 2 de Claudio, 4 de Nerón, 2 de Vespasiano, 3 de Domiciano, 1 de Trajano, 2 de Adriano, 1 de Maximino, 4 de Decio y 1 de Galerio. Las arterias secundarias, sin embargo, fueron atendidas muy tardíamente; mientras el mantenimiento de las vías locales o "comarcales" era competencia y responsabilidad de las “civitates”.


La administración del “cursus publicus”, situada bajo la autoridad del prefecto del pretorio, se encargaba de transportar a los altos funcionarios y a los correos del emperador y tenía también a su cargo el reavituallamiento de los ejércitos. Las rutas castellonenses estaban jalonadas por "mansiones" o ciudades, que servían de terminal para cada etapa, y entre cada dos “mansiones” existían de seis a diez “mutaciones” o paradas destinadas a cambiar las caballerizas.

Resulta difícil localizar las mansiones o ciudades por dónde pasaba la Vía Augusta, pero no resulta muy arriesgado pensar que sería por las ciudades costeras más importantes. Los itinerarios conocidos suelen presentar muy pocas variantes, según el "Itinerario de Antonino" de Dertosa (Tortosa) se iba a Intibilis (Vinaròs o Sant Mateu?), por Ildum (Cabanes?) se llegaba hasta Sebelaci (Onda o Burriana?) y, también, según el itinerario de los “Vasos Apolinares”, desde Adnoulas (Vilavella) se iba hasta Saguntum.


Ante la problemática de la localización de la Vía Augusta podríamos apostar, como vila-realenses, por la ruta paralela a la costa mediterránea que, desde Gadir (Cádiz) llegaría al actual trazado de nuestra ciudad por el popular “Camí de la Carretera”, para adentrarse en el actual casco urbano por el trazado de la “La Sequieta” que no coincide, exactamente, con ninguna calle actual (es decir, aproximadamente, entraría desde el actual Barranquet, por Obispo Rocamora, Aviador Franco, Camí Real, etc.), para adentrarse hasta el puente de basamentos romanos de Santa Quiteria. No obstante, la evidencia de los hallazgos de miliarios más allá de Borriol (Coves de Vinromà, Pobla Tornesa, etc.) nos invitan, como mínimo, a la prudencia. Únicamente podemos asegurar que la Vía Augusta estaría, sin duda, atravesada por múltiples vías menores que penetrarían hacia el interior y, tal vez por ello, la ruta paralela al Mediterráneo se nos antoja como más cargada de lógica. A través de la Vía Augusta los “tabellarii” transportaban la correspondencia oficial y a veces también la de los particulares, por más que ésta podía hacer uso de las caravanas de mercaderes.


Las calzadas romanas dieron un gran empuje al comercio y las transacciones hasta la crisis del siglo III de nuestra era. Las huellas romanas son innumerables en nuestra geografía más próxima: de ellas han escrito nuestros historiadores insignes, desde Carlos Sarthou Carreres hasta Mossén Benito Traver.

No obstante, fue el entrañable y recientemente finado José María Doñate quien, ya desde el primer volumen de “Datos para la Historia de Villarreal” (1973), dedica más tiempo al estudio de los riegos romanos y su arqueología en nuestro término municipal. En este primer libro nos habla de las dos “Séquies del Diable” que discurren paralelas por el margen derecho del Mijares, zona por la cual se han encontrado infinidad de monedas romanas, del Corral de Galindo (finca romana), del acueducto de “Els Arquets” situado en el “Barranc de Ràtils”, del “Pont de la Bruixa” al “Barranc d’Espasers”, de la presa del “Riu Sec” en el cruce con el “Camí de les Voltes”, del acueducto del “Riu Sec” (situado donde confluyen, actualmente, la autopista y el “Camí de la Carretera”), de la explotación agraria localizada en el yacimiento de “La Torrassa” (situado en la partida del “Pla Redó”, dónde arranca el “Camí del Palmerar”), de la cerámica de tipo “sigillata” encontrada en la Finca de Manrique y de multitud de objetos de interés expuestos en parte, actualmente, en las salas del Museo Etnológico del Ermitorio de la Virgen de Gracia. De entre los hallazgos próximos, cabe destacar la villa romana de Benicató (Nules), el Mercurio de Xilxes (estatuilla de bronce conservada en el Museo Municipal de Burriana) y, por la gran cantidad de lápidas encontradas (en Vila-real tan sólo dos), Onda (11) y Almenara(19).


La comarca de la Plana, situada entre Saguntum (Sagunto) y Dertosa (Tortosa), perteneció a la Tarraconensis y se benefició, desde los primeros tiempos de la romanización, de los intercambios entre estas dos grandes “civitates” a través de la “Vía Heraklea”, cuya existencia -si aceptamos que discurría paralela al mar- sería bien conocida por los íberos como vía principal de comunicaciones desde Mastia (Cartagena) hasta la zona pirenaica. Al ampliarla Augusto hasta Cádiz, en el siglo I de nuestra era, tomó el nombre de “Vía Augusta”.

A pesar de los tiempos de prosperidad del comercio y de los intercambios, la institución del “cursus publicus” no sobrevivió al desmoronamiento del Imperio Romano, volviendo a renacer las funciones de correo a principios de la Edad Media y en forma totalmente descentralizada.


5.- SHARQ AL-ÁNDALUS Y LA COLOMBICULTURA.
Los pueblos germánicos que visitaron la Península, incluso los visigodos que llegaron a dominar por más tiempo, se adaptaron pronto al sustrato cultural hispanorromano debido al escaso índice demográfico que aportaron; bien es verdad que, en el caso valenciano, muchas ciudades quedaron arrasadas desde la crisis del siglo III, siendo este el caso de Ilici (Elche), Saguntum, Benicató (Nules) o del santuario hispanorromano de Santa Bárbara (Vilavella). No obstante, y hasta la llegada de los musulmanes, reinó cierta tranquilidad en un período de demografía escasa e incierta, sobre todo, con la llegada de bizantinos al litoral mediterráneo.

A partir del año 711, con la penetración musulmana en la península y su extraordinario legado, asistimos a la arabización de nuestro territorio. Teniendo en cuenta que la expulsión de los moriscos tuvo lugar en 1609, casi cuatro siglos después de la conquista de Burriana por Jaume I (1233), llegamos a la evidencia de la importancia de la presencia musulmana en nuestras tierras: consolidando los tradicionales riegos romanos, aportando la industria del papel (la fábrica de Xàtiva fue una de las más importantes del medievo), una infinita cantidad de novedades agrícolas, desde árboles frutales (el naranjo como árbol ornamental) hasta el arroz (tan propio de la huerta valenciana) o su indudable aportación al mundo cultural europeo.

Nuestra comarca acogió un buen número de musulmanes a lo largo de los siglos. En el actual término de Alquerías se registró su presencia en los poblados de Bellreguard, Bonastre y Bonretorn, así como en nuestro actual término municipal, donde Doñate y otros detectaron la presencia de población dispersa con escasos restos arqueológicos, debido a la transformación de las propiedades agrícolas desde el pasado siglo. La comarca de la Plana perteneció a la “kora” o provincia musulmana de “Sharq al-Andalus” que tenía una extensión variable entre Tortosa y Murcia.


Los musulmanes de entonces, como los cristianos, tenían una concepción del territorio, más bien, sentimental o patrimonial, muy alejada de los conceptos políticos y geográficos actuales. De hecho “Al-Ándalus” era, simplemente, un término usado por el Islam para designar los territorios que, en cada época, dominaron en la península. Algunos historiadores lo consideran, incluso, un término “menguante”, más propio del vocabulario de la conquista cristiana, ya que fue decreciendo desde Asturias (siglo VIII) hasta ver desaparecer el reino nazarita de Granada (1492).

Muchos pueblos valencianos, entre ellos Burriana (Buryana, o “Alcossaiba” que significa cañaveral), nacen en ésta época. La mayoría llevan nombres o topónimos árabes: Aín (fuente), Albalat (calzada); Alcalà de Xivert, Alcalatén, Alcolea cuyo significado es “plaza fuerte”, Alcora (alquería), Alcossebre (pequeño cañaveral), Alcudia (cerro), Alfara (barrio), Algímia (barranco), Almassora (molino de aceite), Almedíjar (caserío), Almenara (el faro, torre de señales luminosas), Almonacid (monasterio), Castelló (castillejo), Caudiel (fuentecilla), Cirat (camino), Chóvar (encinar), Fondeguilla (almacén), Gaibiel (bosquecillo), Moncofa (lugar de pozos), Suera (peñita), Vinroma (los topónimos formados por “Beni” o “Vin” vienen a significar “territorio de los hijos o descendientes de”), etc.

Otros, en cambio, llevan nombres pre-islámicos pero sus castillos o villas fortificadas fueron considerados principales en el último período de dominación sarracena: Morella (Mawríla), Ares, Culla (Kulya), Cervera (Charbayra), Peníscola (Banishkula), Segorbe (Shuburb), Vall d’Uixó (Shun), Onda (Unda), etc. En un texto musulmán del siglo XI se cita a Onda como “madina”: es la primera cita árabe a una “ciudad” de nuestra comarca; más tarde, en el siglo XII, los textos nos hablan de la “madina” de Burriana, cuya importancia está en función de ser correo, abastecedora y puerto marítimo de las poblaciones del interior, sobre todo de Onda, la capital musulmana.

Y aunque el “Poema de Mío Cid” no da especial relevancia a la “madina” de Onda, cuando cita reiteradamente otras poblaciones como Burriana, Segorbe, Jérica o Montornés (castillo del término de Benicàssim), etc. podemos decir en favor de Onda que esta obra de la literatura universal tiene, evidentemente, un indudable valor literario, pero no tan alto desde el punto de vista histórico (como así lo confirmó el riguroso estudio de Menéndez Pidal) y también, añadir, que el historiador Pons i Bohigues, en su repertorio de historiadores y geógrafos hispano-arábigos, cita, nada más ni nada menos, que a cuatro originarios de Onda: el famoso Ibn al-Abbar (1198-1260) que estuvo al servicio del último soberano musulmán de Valencia (Zaiyan), Ibn ad-Dabag (1088-1151), Abd Allah ibn Sulayman (1154-1215) y Dawud ibn Sulayman (muerto en el año 1223). Es decir, únicamente Xàtiva y Valencia (dos capitales moras) superan el número de historiadores que dio Onda al Islam.

Córdoba, a partir del siglo X, se convirtió durante el Califato en una de las ciudades medievales más lujosas y populosas (con más de 250.000 habitantes) y su poder irradió a todo el Islam. Fue, precisamente, un califa, aunque perteneciente a la familia abbassí, llamado Al-Mahdi, quien reorganizó el ancestral servicio de palomas mensajeras.

Sobre todo, durante el califato de Córdoba, el servicio de correos constituía una de las piezas fundamentales en la organización administrativa de Al-Ándalus (nombre por el cual designaban los musulmanes el territorio, cambiante en extensión a lo largo de ocho siglos, que ocupaban en la Península Ibérica). Del transporte de la correspondencia se ocupaban unos correos que, por lo general, viajaban a lomos de mulas, provistos de una buena escolta y, sobre todo, utilizando los bellos y rápidos caballos árabes. Pero, como hemos dicho, también se hallaba muy extendido el uso de palomas mensajeras: este arte, aunque suene extraño, lo aprendieron los árabes de los romanos. En tierras de Al-Ándalus (la comarca de la Plana fue musulmana hasta la conquista cristiana de 1233) y, por tanto, en la “kora” (provincia) de Sharq Al-Ándalus, el envío de palomas mensajeras llegó a ser algo cotidiano que a nadie llamaba la atención. Se utilizaban, sobre todo, para mandar mensajes urgentes dado que, una vez orientada, la paloma mensajera puede volar a una velocidad de 80 km/h, aunque normalmente suelen desplazarse a tan sólo 60 kilómetros a la hora.


También resultaba muy frecuente el empleo de estas aves con fines militares: a lo largo de la historia se han pedido refuerzos para una batalla por medio de palomas mensajeras, también se han usado para anunciar una victoria, para comunicarse con el exterior los habitantes de una ciudad sitiada, para solicitar negociaciones de paz, etc. También resultan útiles las palomas para avisar a una comunidad o individuo de algún peligro que se le avecina en tiempo de paz o de guerra.

Los mensajes, en ocasiones, iban grabados en sus plumas con signos convencionales; otras veces solían transportar un papel introducido en una de sus plumas mediante una incisión longitudinal o, también, sujeto a las plumas de la cola.

Por cierto, en territorio de Al-Ándalus no sólo abundaban especialistas en colombicultura, dedicados a la cría y adiestramiento de palomas mensajeras, sino que las publicaciones escritas islámicas constituyen, aún hoy en día, verdaderos manuales para la cría y adiestramiento de palomas. Sin duda, la colombicultura constituye uno de los legados tradicionales del pueblo musulmán que con mayor entusiasmo han sabido mantener, hasta nuestros días, los valencianos en general y los vila-realenses en particular.


6.- TIEMPOS PRE-FUNDACIONALES: LA BAJA EDAD MEDIA
Durante la Baja Edad Media, reyes, magnates, conventos, gremios, ciudades e incluso mercaderes importantes llegaron a tener sus propios correos. En la Corona de Aragón existen, desde el reinado de nuestro fundador, el Rei En Jaume I, jóvenes mensajeros que transportan el correo de las clases privilegiadas, a pie y a caballo, además de los correos propios de las ciudades, villas, señoríos, mayorazgos, monasterios y veguerías. También se organiza la cofradía de correos de Barcelona que se estableció a finales del XIII en la capilla de Marcús.


Con los tiempos de conquista se crean incipientes sistemas de correo y, realmente, a partir del siglo XIII se sientan las bases de lo que va a ser nuestra historia como pueblo en constante evolución. Pero, a partir de aquí, cerramos el mensaje y entregamos el correo a los “troters, correus i monters” que se encargarán de transportarlo, por el espacio y el tiempo, desde -y hasta- las puertas de una Vila de fundación real.

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Aquest treball fou publicat en l'edició commemorativa del 25 aniversari de l'Associació Filatèl·lica Rei en Jaume, SAN PASCUAL, VILA-REAL Y LA FILATELIA (Ajuntament de Vila-real, 1977)

Varios autors: Los orígenes del correo: desde la protohistoria hasta la fundación de Villarreal / Antoni Pitarch Font. El correo de las villas reales valencianas en la época foral: Villarreal (1348-1720) / Vicente Gil Vicent. Prefilatelia: Vilareal 1717 a 1850 / Guillermo Álvarez Rubio. Se funda una asociación / Manuel García Vilanova. San Pascual, ayer / Carlos Sarthou Carreres. El sepulcro de San Pascual. El Zarrón de San Pascual / Salus Fernando López Orba. La Real Capilla de San Pascual, hoy / Josep Miquel Francés Camús. Museo de San Pascual / Antonio Losas Latorre. Ciudad de San Pascual en Filipinas / Salvador Carracedo Benet. Eucaristía / Salvador Carracedo Benet.
Corpus Chisti. El Santo Grial. La Adoración Nocturna. Los Congresos Eucarísticos. Los Congresos Eucarísticos Internacionales celebrados en España. Los Congresos Eucarísticos españoles Nacionales y Locales. Los Congresos Eucarísticos Nacionales y Locales en el mundo. Relación de sellos españoles y ex colonias con el tema: La Eucaristía.
Rústica, 162 p.: il. bl. y n. y col. Publicación: 1997 Dimensiones: 17 x 24 cm. ISBN: 8488331320

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